Si no avisé al seguro de un cambio, ¿puede negarse a pagar?
Por no haberlo comunicado, solo si el cambio agravaba el riesgo de forma importante y usted actuó de mala fe. Si no hubo mala fe, la aseguradora tiene que pagar, aunque puede reducir la indemnización en proporción a la prima más alta que habría cobrado. Además, el cambio tiene que referirse a algo que le preguntaron en el cuestionario al contratar. En los seguros de personas, los cambios de salud no hay que comunicarlos nunca.
Alburquerque Abogados
José Manuel AlburquerqueQué cambios hay que comunicar
- Los que afectan a lo que declaró en el cuestionario y son tan importantes que, de haberlos conocido, la aseguradora no habría contratado o lo habría hecho en condiciones peores.
- Algunos ejemplos son dejar la vivienda vacía mucho tiempo, alquilarla a turistas, montar un negocio en casa o usar el coche para hacer repartos o como VTC cuando se declaró uso particular.
- Hay que avisar en cuanto se pueda, por escrito.
Qué pasa si no se avisa
- Si hay siniestro y hubo mala fe, la aseguradora no paga.
- Si no hubo mala fe, paga una parte, la proporción entre la prima que usted pagaba y la que habría pagado con el riesgo real.
- La aseguradora tiene que probar que el cambio existía, que estaba en el cuestionario y, para no pagar nada, la mala fe.
- Si usted avisa, la aseguradora puede proponerle en dos meses una nueva prima, que usted tiene quince días para aceptar, o dar por terminado el contrato.
- Otra cosa son las exclusiones de la propia póliza, como la del robo en una vivienda deshabitada más tiempo del que admite. Se aplican aunque no haya mala fe, siempre que sean claras y, si recortan sus derechos, estén destacadas y firmadas.
Al revés, si el riesgo baja
Si el riesgo disminuye, por ejemplo porque instala una puerta blindada o una alarma, puede comunicarlo y pedir que le bajen la prima en la siguiente anualidad. Si no lo hacen, tiene derecho a resolver el contrato y a que le devuelvan la diferencia.
Esta respuesta tiene una finalidad didáctica y ofrece una primera orientación sobre la cuestión planteada. Cada asunto presenta circunstancias y matices propios que requieren una valoración individual. Por ello, antes de tomar decisiones con consecuencias relevantes, conviene consultar con un profesional y no basarse únicamente en esta información. El asesoramiento personalizado permite aplicar estas explicaciones al caso concreto y valorar las opciones disponibles con mayor seguridad.