¿Me cubre el seguro médico una enfermedad que ya tenía?

Depende de lo que se declaró al contratar y de lo que diga la póliza. Si la aseguradora le preguntó por esa enfermedad y usted la declaró, vale lo que se firmó, que puede ser aceptarla, excluirla de forma expresa o subir la prima. Si no le preguntó por ella, o usted no la conocía, no se le puede reprochar después. Si la ocultó con dolo o culpa grave, la aseguradora puede negarse a pagar. Las exclusiones generales de enfermedades anteriores, si recortan sus derechos, tienen que estar claras, destacadas y firmadas aparte.

Alburquerque Abogados

José Manuel Alburquerque

Si la declaró

  • La aseguradora puede aceptarla sin más, excluirla de forma expresa en las condiciones particulares o cobrar más.
  • Si se la aceptaron sin excluirla, está cubierta. Pida que le confirmen por escrito qué queda fuera.
  • No puede rechazarle ni ponerle condiciones peores solo por tener una enfermedad o una discapacidad, salvo causas justificadas, proporcionadas y documentadas de antemano.

Si no la declaró

  • Si no le preguntaron por ella, no tenía obligación de declararla.
  • Si le preguntaron y no la declaró sin dolo ni culpa grave, la aseguradora no puede negarse a pagar del todo, aunque puede reducir lo que paga. También puede rescindir el seguro en el mes siguiente a enterarse.
  • Si la ocultó a sabiendas o con culpa grave, puede negarse a pagar.
  • Si terminó el tratamiento de un cáncer hace más de cinco años y no ha tenido recaídas, no pueden usarlo para rechazarle ni para empeorar sus condiciones.

Las enfermedades que aparecen después

Una vez contratado el seguro, las enfermedades nuevas quedan cubiertas en los términos de la póliza, no hay que comunicarlas y la aseguradora no puede excluirlas después. Lo que sí puede es no renovar el seguro al vencimiento, avisando por escrito con dos meses de antelación. Si se cambia de compañía, la nueva sí puede excluir lo que ya tiene. Pregunte antes de dar de baja la antigua.

Esta respuesta tiene una finalidad didáctica y ofrece una primera orientación sobre la cuestión planteada. Cada asunto presenta circunstancias y matices propios que requieren una valoración individual. Por ello, antes de tomar decisiones con consecuencias relevantes, conviene consultar con un profesional y no basarse únicamente en esta información. El asesoramiento personalizado permite aplicar estas explicaciones al caso concreto y valorar las opciones disponibles con mayor seguridad.