Cuando el pacto de socios y los estatutos dicen cosas distintas: qué puede exigirse realmente a los socios

La coexistencia de estatutos sociales y pactos parasociales es una constante en la práctica societaria. Ambos instrumentos pueden regular, a veces de forma divergente, cuestiones esenciales como el ejercicio del voto, la transmisión de participaciones o acciones, la permanencia de los socios, las obligaciones de financiación o los mecanismos de salida. La clave está en entender que los estatutos forman parte del “ordenamiento interno” de la sociedad y son oponibles erga omnes dentro de su perímetro, mientras que el pacto parasocial es un contrato entre socios, válido y eficaz entre las partes, pero no necesariamente frente a la sociedad ni frente a terceros. Una obligación perfectamente válida entre socios no produce por ello los mismos efectos en el plano orgánico o registral. Cuando surge el conflicto, afloran problemas de oponibilidad, de abuso de derecho, de impugnación de acuerdos y de responsabilidad entre socios, lo que hace especialmente relevante decidir desde el inicio qué acuerdos deben permanecer en el pacto y cuáles conviene trasladar a los estatutos.

1.Naturaleza y planos distintos: estatutos como norma orgánica y pacto de socios como contrato

Los estatutos sociales, aprobados en la escritura de constitución o mediante acuerdo de modificación estatutaria, son la norma básica de organización de la sociedad de capital. La Ley de Sociedades de Capital exige que contengan, al menos, la denominación, el objeto social, el domicilio, el capital y su estructura, el modo de organizar la administración y el modo de deliberar y adoptar acuerdos los órganos colegiados. Además, permite que en la escritura y en los estatutos se incluyan todos los pactos y condiciones que los socios fundadores juzguen convenientes, siempre que no se opongan a las leyes ni contradigan los principios configuradores del tipo social elegido. Los estatutos, una vez inscritos, vinculan a la sociedad, a los socios presentes y futuros y a los órganos sociales, y son oponibles frente a terceros en los términos del sistema registral.

El pacto de socios o pacto parasocial, por su parte, es un contrato entre algunos o todos los socios, amparado por la autonomía de la voluntad del artículo 1255 del Código Civil, que permite a los contratantes establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral ni al orden público. La Ley de Sociedades de Capital reconoce expresamente su existencia al disponer que los pactos que se mantengan reservados entre los socios no serán oponibles a la sociedad. La consecuencia es clara: el pacto parasocial es plenamente válido y eficaz entre sus firmantes, pero no se integra automáticamente en el “ordenamiento” de la persona jurídica ni vincula a la sociedad como tal, salvo supuestos específicos o cuando la propia sociedad es parte del pacto.

Esta dualidad de planos explica por qué una misma materia puede estar regulada de forma distinta en estatutos y en pacto, y por qué la respuesta jurídica al conflicto no es uniforme. En el plano orgánico y registral mandan los estatutos; en el plano obligacional interno, el pacto.

2.Eficacia interna del pacto: fuerza de ley entre las partes y límites de la oponibilidad

Como contrato, el pacto de socios se rige por las reglas generales del Código Civil. Las obligaciones que nacen de los contratos tienen fuerza de ley entre las partes contratantes y deben cumplirse al tenor de los mismos. El pacto vincula a sus firmantes, que pueden exigirse recíprocamente su cumplimiento, reclamar daños y perjuicios por incumplimiento, pactar cláusulas penales o establecer mecanismos de salida forzosa, siempre dentro de los límites de la ley, la moral y el orden público. El artículo 1257 del Código Civil precisa que los contratos solo producen efecto entre las partes que los otorgan y sus herederos, salvo estipulación en favor de tercero. La sociedad, cuando no es parte del pacto, es un tercero respecto de ese contrato.

La regla de inoponibilidad del artículo 29 de la Ley de Sociedades de Capital, según la cual los pactos reservados entre socios no serán oponibles a la sociedad, significa que los socios no pueden instrumentalizar los órganos sociales para sancionar el incumplimiento del pacto, por ejemplo excluyendo al socio incumplidor si la causa de exclusión no está prevista en los estatutos o en la ley. Tampoco pueden impugnar acuerdos sociales por el mero hecho de ser contrarios al pacto, si esos acuerdos se ajustan a la ley y a los estatutos. La sanción del incumplimiento del pacto se articula en el plano obligacional: responsabilidad por daños, cumplimiento específico cuando sea posible, ejecución de cláusulas penales, opciones de compra o venta, etcétera.

La doctrina y la jurisprudencia han matizado esta regla en supuestos de pactos omnilaterales, suscritos por todos los socios, o cuando la sociedad es parte del pacto. En estos casos, se ha defendido que el interés social coincide con el interés de todos los socios y que la impugnación de acuerdos que dan cumplimiento al pacto puede ser contraria a la buena fe y a la doctrina de los actos propios. Pero incluso en estos supuestos, la regla legal de inoponibilidad obliga a ser prudente: el pacto no se convierte automáticamente en estatuto, y la vía de impugnación de acuerdos sigue siendo la infracción de la ley, de los estatutos o del interés social, no la mera contradicción con el pacto.

3.Voto, transmisión, permanencia y financiación: divergencias típicas entre pacto y estatutos

En la práctica, los pactos de socios suelen regular con mayor detalle y flexibilidad materias que en los estatutos se tratan de forma más rígida o estandarizada. En materia de voto, es frecuente que el pacto establezca compromisos de sindicación, acuerdos para votar en bloque en determinadas decisiones, vetos cruzados o mayorías reforzadas para operaciones estratégicas. Los estatutos, en cambio, se limitan a las reglas legales de mayorías y, en su caso, a mayorías reforzadas para determinadas materias. Si un socio vota en junta en contra de lo pactado, el acuerdo social puede ser válido si respeta estatutos y ley, pero el socio puede incurrir en responsabilidad frente a sus co-contratantes por incumplir el pacto.

En la transmisión de participaciones o acciones, los estatutos suelen contener cláusulas de restricción o de autorización, especialmente en sociedades cerradas, pero el pacto puede añadir derechos de adquisición preferente, derechos de acompañamiento o arrastre, lock-up de permanencia mínima o mecanismos de salida coordinada. Si un socio transmite sus participaciones incumpliendo el pacto pero respetando los estatutos, la sociedad puede verse obligada a inscribir la transmisión en el libro registro de socios, mientras que el socio incumplidor responderá frente a los demás por violar el pacto. La inoponibilidad del pacto impide a la sociedad denegar la inscripción por el solo hecho de que la transmisión contravenga el pacto, salvo que la sociedad sea parte del mismo y se haya articulado estatutariamente la restricción.

Las obligaciones de permanencia y de financiación son otro foco de divergencia. El pacto puede imponer a los socios compromisos de no salida durante un plazo, de no competencia, de aportaciones adicionales de capital o de préstamos participativos, que no figuran en los estatutos. Si un socio decide vender o no acudir a una ampliación de capital, la sociedad no puede impedirlo más allá de lo que prevean la ley y los estatutos, pero los demás socios pueden exigirle responsabilidad por incumplir el pacto, activar cláusulas de arrastre, opciones de compra forzosa o penalizaciones económicas. La eficacia de estas cláusulas se juega en el plano contractual, no en el orgánico.

4.Conflicto entre pacto y estatutos: qué puede exigirse realmente y por qué vía

Cuando pacto y estatutos dicen cosas distintas, la pregunta clave es qué puede exigirse realmente a los socios y por qué vía. En el plano societario, los órganos deben aplicar la ley y los estatutos. Un acuerdo social adoptado conforme a estatutos y ley no es impugnable por el mero hecho de contradecir el pacto. La acción de impugnación exige infracción de norma imperativa, de estatutos o del interés social. El pacto puede servir como elemento interpretativo del interés social en pactos omnilaterales, pero no como canon autónomo de validez de acuerdos.

En el plano obligacional, en cambio, el pacto despliega toda su fuerza. Si un socio vota en contra de lo pactado, transmite participaciones incumpliendo restricciones pactadas, abandona la sociedad antes del plazo de permanencia o no aporta financiación comprometida, los demás socios pueden exigirle el cumplimiento del pacto, reclamar daños y perjuicios, ejecutar cláusulas penales o activar mecanismos de salida forzosa, siempre que las cláusulas sean válidas y no vulneren normas imperativas. La sociedad, salvo que sea parte del pacto, no es sujeto pasivo de estas acciones, aunque pueda verse afectada indirectamente por sus efectos.

La buena fe y la prohibición del abuso de derecho juegan un papel relevante. El artículo 7 del Código Civil exige que los derechos se ejerciten conforme a las exigencias de la buena fe y niega protección al ejercicio antisocial del derecho. Un socio que se ampara en la inoponibilidad del pacto para votar en junta en contra de lo que ha pactado con los demás puede incurrir en abuso de derecho en el plano obligacional, aunque el acuerdo social sea válido. A la inversa, los socios no pueden utilizar el pacto para vaciar de contenido normas imperativas societarias o para eludir la protección de terceros.

5.Importancia de decidir qué va a estatutos y qué se queda en el pacto

La experiencia muestra que muchos de los conflictos entre pacto y estatutos se deben a una deficiente decisión inicial sobre qué acuerdos deben trasladarse a los estatutos y cuáles conviene mantener en el pacto. Las cláusulas que afectan al funcionamiento orgánico de la sociedad, a la adopción de acuerdos, a la estructura de mayorías, a las restricciones a la transmisibilidad de las participaciones o acciones y a las causas de exclusión o separación de socios, si se quieren hacer valer frente a la sociedad y frente a todos los socios, deberían incorporarse a los estatutos, respetando los límites legales. Solo así serán oponibles a la sociedad, a los socios futuros y a terceros, y podrán servir de base para impugnar acuerdos o para denegar inscripciones.

El pacto de socios, en cambio, es el lugar natural para regular aspectos más flexibles, confidenciales o personalizados, como compromisos de financiación entre determinados socios, mecanismos de salida escalonados, cláusulas de earn-out, retribuciones especiales, pactos de no competencia o reglas de resolución de conflictos. Estas cláusulas pueden ser difíciles de encajar en estatutos por su complejidad, por su carácter personal o por su eventual colisión con normas imperativas. Mantenerlas en el pacto permite modular su contenido y su confidencialidad, a costa de renunciar a su oponibilidad orgánica.

La decisión no es puramente técnica, sino estratégica. Trasladar demasiadas cláusulas al estatuto puede rigidizar la vida societaria y exigir mayorías reforzadas para cualquier cambio, además de exponerlas al control registral. Dejar en el pacto cuestiones que deberían estar en estatutos puede generar conflictos de oponibilidad y limitar las herramientas de reacción frente a incumplimientos. La clave está en identificar qué reglas deben vincular a la sociedad y a todos los socios, presentes y futuros, y cuáles se conciben como compromisos inter partes entre determinados socios.

6.Conclusión: dos planos, dos lógicas y una decisión estratégica inicial

Cuando el pacto de socios y los estatutos dicen cosas distintas, no hay una respuesta única sobre qué “manda”. En el plano societario, mandan la ley y los estatutos; en el plano obligacional, manda el pacto entre sus firmantes. Una obligación válida entre socios no produce necesariamente los mismos efectos frente a la sociedad o frente a terceros. El socio puede verse obligado a indemnizar a sus co-contratantes por votar en contra de lo pactado, aunque el acuerdo social sea válido; la sociedad puede verse obligada a inscribir una transmisión que respeta los estatutos, aunque vulnere el pacto; un socio puede estar obligado a permanecer o a financiar en virtud del pacto, aunque la ley le reconozca derechos de separación o de no suscripción.

Los problemas aparecen cuando surge el conflicto y se pretende hacer valer el pacto en el plano orgánico o los estatutos en el plano obligacional. La regla de inoponibilidad, la buena fe, el abuso de derecho, la doctrina de los actos propios y la configuración de los pactos omnilaterales matizan las soluciones, pero no eliminan la dualidad de planos. Por eso es crucial decidir desde el inicio qué acuerdos deben permanecer en el pacto y cuáles conviene trasladar a los estatutos. Una arquitectura coherente entre estatutos y pacto, consciente de sus distintos planos de eficacia, reduce el riesgo de conflictos y ofrece a los socios un marco más seguro para exigir, en cada plano, aquello que legítimamente pueden esperar de la sociedad y de los demás socios.

Alburquerque AbogadosJosé Manuel Alburquerque

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