¿Cómo redactar un burofax para reclamar una deuda?
Con un texto claro y sin adornos que identifique la deuda, diga cuánto se debe y pida el pago en un plazo y por un medio concretos. Además conviene que invite de verdad al deudor a negociar, porque la ley exige, en general, intentar un acuerdo antes de demandar y un simple requerimiento de pago puede no bastar. Envíelo con certificación del texto y acuse de recibo, para poder probar qué dijo y cuándo lo recibió. Así el mismo burofax sirve como reclamación, como intento de acuerdo y para interrumpir la prescripción, que es hacer que el plazo para reclamar vuelva a empezar.
Alburquerque Abogados
Lo que tiene que decir
El burofax es un envío de Correos que, con la certificación del texto, permite probar su contenido y, con el acuse de recibo, la fecha en que lo recibió el destinatario. Conviene que el texto recoja, por este orden, lo siguiente:
- Quién reclama y a quién, con el nombre completo, el documento de identidad y el domicilio de cada uno.
- De dónde viene la deuda y con qué fechas, por ejemplo un préstamo entregado el 10 de marzo de 2025, un presupuesto aceptado o el número de cada factura.
- Cuánto se debe, con el detalle de lo que ya se ha pagado y de lo que queda pendiente.
- La petición de pago en un plazo concreto, con el número de cuenta en el que hacerlo.
- La invitación a negociar, de la que se habla más abajo.
- El aviso de que, si no hay pago ni acuerdo, reclamará la deuda en el juzgado con sus intereses y las costas.
Escriba con corrección y sin descalificaciones. Anunciar que acudirá al juzgado es legítimo. Amenazar con publicar la deuda, con avisar a su empresa o a su familia o con denunciarle para que pague no lo es y puede volverse contra usted.
La invitación a negociar
El burofax puede servir como el intento de acuerdo que exige la ley si invita de verdad a negociar. En Barcelona es criterio acordado por las secciones civiles de la Audiencia Provincial que no basta con exigir el pago y anunciar que se irá al juzgado. Basta, en cambio, con expresar la voluntad de negociar de buena fe y concretar la deuda sobre la que se negocia, sin que sea obligatorio hacer una propuesta. Aun así, una propuesta hace el intento más sólido. Por ejemplo, “le propongo que busquemos en los próximos días una solución, como un calendario de pagos. Le ruego que me conteste en el plazo de treinta días por correo electrónico o por escrito a esta dirección”.
Lo que se negocie tiene que coincidir con lo que después pida en el juzgado. Si piensa reclamar también intereses o daños, dígalo ya en el burofax. Si en treinta días naturales desde que lo recibe el deudor no contesta, el intento se da por terminado sin acuerdo y ya puede acudir al juzgado.
Lo que consigue y si no lo recoge
La reclamación por escrito interrumpe la prescripción, de modo que el plazo para reclamar vuelve a empezar entero. Además, si no se pactaron intereses, desde que el deudor recibe la reclamación de una deuda vencida se le pueden pedir, en principio, los intereses legales. Entre empresas y profesionales, la ley de morosidad fija un interés más alto, que se debe desde el vencimiento sin necesidad de reclamar.
Si el deudor no recoge el burofax, guarde el justificante de Correos que acredita que se intentó la entrega y se le dejó aviso. En Barcelona es criterio acordado por las secciones civiles de la Audiencia Provincial que el envío no recogido después de ese aviso sirve para probar que se le invitó a negociar. En Barcelona es también criterio acordado por los letrados de la Administración de Justicia, que son quienes examinan primero la demanda, que si no se puede acreditar la entrega conviene explicarlo en una declaración responsable. También es criterio acordado por ellos que no sirven las conversaciones de WhatsApp, las llamadas ni los SMS. Por eso, mande además el mismo texto por correo electrónico a una dirección que el deudor use de verdad y guarde la prueba de que lo recibió.
Esta respuesta tiene una finalidad didáctica y ofrece una primera orientación sobre la cuestión planteada. Cada asunto presenta circunstancias y matices propios que requieren una valoración individual. Por ello, antes de tomar decisiones con consecuencias relevantes, conviene consultar con un profesional y no basarse únicamente en esta información. El asesoramiento personalizado permite aplicar estas explicaciones al caso concreto y valorar las opciones disponibles con mayor seguridad.